Matías Alcalde, representante ante el Consejo Chile California: “Para surfear una buena ola hay que caerse muchas veces”

Recién salido de la universidad, impulsó dos ONG: una en ayuda a los damnificados por el terremoto de 2010 y otra que buscaba impulsar social y económicamente a las comunidades costeras a través del surf. Esta última experiencia lo consagró como joven líder en 2013 y trazó su camino profesional ligado a causas sociales, medioambientales y tecnológicas.

“Visibilizar a las personas, otorgar liderazgos y trabajar en iniciativas inclusivas, constituyen uno de los motores que me mueven en este camino”

Cuando Matías Alcalde estaba por terminar Ingeniería Civil Hidráulica en la Universidad Católica, el país se remecía con el terremoto del 27 de febrero que afectó a gran parte de la zona centro sur. Cuenta que el sentido social siempre ha sido parte de su vida, por lo que no lo pensó dos veces y, junto a un grupo de amigos, impulsaron una ONG llamada Costa Sur, que buscaba ir en ayuda de las localidades ubicadas entre Cunaripe y Cobquecura, zonas afectadas por el fuerte sismo y posterior tsunami.

Luego de esa experiencia, Alcalde terminó la carrera y comenzó a trabajar en el sector empresarial, pero la inquietud social jamás la dejó de lado y, en paralelo, seguía trabajando en la costa de Chile impulsando GiveSurf, donde “identificamos liderazgos positivos para establecer programas sociales-deportivos-educativos en torno al surf. Este es un modelo que busca valorar al líder local y darle herramientas para trabajar en programas deportivos extracurriculares. Hoy abarcamos comunidades costeras en Arica, Mehuín, Pichilemu y Matanzas”, explica.

A juicio de Alcalde, ambas experiencias fueron formadoras en su vida profesional. Tanto así, que siguió a Nicholas Davis, presidente de EuroAmerica, en un proyecto ambicioso de construir un hotel de un piso, que no alterara el paisaje ni la naturaleza de Punta de Lobos, en la VI Región. Así, fue gerente general del Hotel Alaia y luego director, cargos que le dieron la posibilidad de observar de cerca lo importante que es para la comunidad de esa zona conservar el lugar.

Consciente de ello, Davis creó la Fundación Punta de Lobos, cuya misión es establecer un proyecto de conservación perpetua en el borde costero de Punta de Lobos y expandir este modelo para salvaguardar el borde costero de Chile, ONG donde Matías Alcalde fue director ejecutivo durante cuatro años.

“Existía en ese entonces -y todavía- una amenaza en Punta de Lobos por los proyectos inmobiliarios. Eso fue lo que me llevó a trabajar allá, donde viví por cinco años buscando dar una estructura a un sello colectivo que quería proteger el lugar”, explica.

Hoy, se encuentra viviendo en San Francisco, California, liderando la organización público-privada Chile California Council, que se dedica a fortalecer las relaciones entre Chile y California, en el punto de intersección entre la naturaleza, personas, ciencia y tecnología.

“Ha sido fascinante trabajar en un eslabón distinto, donde se une el sector público y privado, abriendo la cancha a otros temas también importantes de resolver, como la energía, el suelo, el agua. Cosas propias de mi profesión”, sostiene.

A sus 37 años, juntando todas sus experiencias laborales, el ejecutivo reflexiona sobre qué lo inspira al crear proyectos con impacto: “Visibilizar a las personas, otorgar liderazgos y trabajar en iniciativas inclusivas, constituyen uno de los motores que me mueven en este camino”, puntualiza.

“Tener fracasos es muy importante para probarse, ser resiliente (…) En ese sentido, hay muchas tomas de decisiones que son parte de la curva propia de aprendizaje y puntualizar en uno es difícil, siempre hay muchos mini fracasos”

-De todas esas etapas, ¿en cuál tuviste que tomar la decisión más difícil o más riesgosa?
-Cuando nos fuimos a Pichilemu, estaba recién casado e, incluso, fue en ese lugar donde tuvimos con mi señora a nuestras dos hijas. Fue una decisión importante trasladarse de región indefinidamente. Era de ese tipo de cambios que no sabes hacia dónde te lleva, pero que sabes y sientes que es lo correcto.
Luego de eso, estaba la oportunidad de salir del país con familia armada y todo y, sin duda, ambas fueron decisiones difíciles, pero bien tomadas, con mucha valentía.

-¿Durante este camino has tenido alguna lección o tropiezo que te dejara una marca profunda en tu vida profesional?
-Tener fracasos es muy importante para probarse, ser resiliente, observar cómo uno se levanta y se plantean objetivos. En ese sentido, hay muchos fracasos o tomas de decisiones que son parte de la curva propia de aprendizaje y puntualizar en uno es difícil, siempre hay muchos mini fracasos. Lo importante es entender que para surfear una buena ola hay que caerse muchas veces.

-Mirando en perspectiva, ¿cuál es la evaluación que haces de lo que ha sido tu carrera profesional?
-Ha sido una aventura porque he tomado caminos que no sé bien hacia dónde me llevan y me toca navegar en aguas nuevas muy recurrentemente. He tratado que todas mis experiencias se unan en un relato y para adelante, espero no perder esa senda de crecimiento experiencial.
Mientras sienta que es lo que hay que hacer y que estoy en el lugar correcto, generando un impacto -y además esté equilibrado con la familia-, está todo perfecto.

-¿Hacia futuro tienes algún sueño o algún plan para tu carrera?
-Me apasionan mucho las transformaciones que se requieren para unir lenguajes del trabajo público-privado. En ese sentido, me encantan los proyectos que estamos haciendo en Chile California Council porque se encarga de eso mismo y, además, visibiliza talentos de lo más abajo hasta la más alta esfera. Sin duda, cosas que me apasionan y que espero seguir trabajando en el futuro.

“He tratado que todas mis experiencias se unan en un relato y para adelante, espero no perder esa senda de crecimiento experiencial”

Fuente: jll.diariofinanciero.cl

Mellizos combatiendo incendios: California comparte Guía de Preparación para Desastres

Último mes de este año tan distinto al resto y desgastante para la humanidad. Nos mantuvo distanciados físicamente pero a la vez, más unidos que nunca. Con instancias de conversación, reflexión y aprendizaje en nuestras distintas plataformas digitales. Aún nos queda una importante.

Hace unos meses estábamos hablando de la intensa temporada de incendios que afectó a California, que arrasó con más de 800 mil hectáreas, registrando cifras históricas de superficie quemada en una temporada. Desde nuestros inicios, como Consejo Chile California nos comprometimos a servir de vínculo para intercambiar todo el conocimiento obtenido sobre cómo enfrentar grandes incendios forestales entre nuestros mellizos trans-hemisféricos.

Por eso nos alegra poder concretar la entrega de la “Guía de preparación para desastres”, elaborada por el Estado de California y CalOES, la próxima semana, en un evento virtual que reunirá a algunos de nuestros consejeros, expertos en la materia, y autoridades de ambos lugares. Estamos seguros de que será una herramienta útil para las organizaciones chilenas (y los chilenos) que tienen que lidiar con estas catástrofes. Además, un nuevo ejemplo de lo valioso que es aprovechar las curvas de aprendizajes a favor de cada uno, construidas en base a experiencias reales.

El CCC ha potenciado históricamente la cooperación entre Chile y California – a través de la ONEMI y CONAF en Chile, y CalOES y CAL FIRE en California – en prevención de incendios forestales y manejo de emergencias. Antes de que comience la temporada de incendios en Chile, realizaremos un evento virtual en el que el Estado de California y CalOES le hará entrega de su “Guía de preparación para desastres” a Chile, con el objetivo de preparar a la población chilena frente a estos desastres naturales antes de que comiencen a ocurrir.

El evento contará con la participación de la Vicegobernadora de California Eleni Kounalakis, la Subsecretaria del Ministerio de Relaciones Exteriores del Gobierno de Chile, Carolina Valdivia y el Presidente del Consejo Chile California, Rafael Friedmann. También habrá un panel conformado por Helen López, Assistant Director de Cal OES, Rodrigo Ortiz, Subdirector Gestión del Riesgo de ONEMI, Jessica Morse, Deputy Secretary for Forests de Cal Fire, Patricio Sanhueza, Profesional Asesoría Técnica Gerencia de Protección contra Incendios Forestales de CONAF, María José Hess, Directora de Comunicaciones y Proyectos de Amigos de los Parques de la Patagonia y Héctor Jorquera, Coordinador de la Red de Prevención Comunitaria.

El evento se transmitirá por YouTube live y, para quienes necesiten traducción simultánea, por Zoom.

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Evento completo

Fuente: chile-california.org

CONAF participa en reunión anual del Chile-California Council

Es la primera vez que la Corporación Nacional Forestal asiste a este encuentro, donde se destacó el trabajo en prevención de incendios forestale que impulsa junto a esta organización binacional.

Teniendo como tema central el rol en acciones de conservación y protección de los ecosistemas terrestres y marítimos, se desarrolló la reunión anual 2020 del Chile-California Council (CCC), organización sin fines de lucro binacional con sede en San Francisco, California, Estados Unidos, que promueve relaciones beneficiosas y el intercambio de conocimientos entre Chile y el estado de California. La actividad contó con la participación de la Corporación Nacional Forestal, a través de la Gerencia de Protección contra Incendios Forestales (GEPRIF).

Durante el encuentro realizado en forma online, se abordaron las actividades y proyecciones para el próximo periodo de trabajo y CONAF participó por primera vez, gracias a la labor que ha desarrollado la Gerencia de Protección contra Incendios Forestales desde el año 2014, cooperando con esta organización binacional y con sus pares californianos del Departamento Forestal y Protección contra Incendios de California-Cal Fire y la Oficina de Servicios de Emergencia del Gobernador de California (Cal OES).

En este ámbito destaca el respaldo de Chile-California Council para concretar giras técnicas de profesionales expertos en prevención de incendios forestales de CONAF a California, el Seminario Internacional de Prevención de Incendios Forestales en la Interfaz Urbano Forestal en un Escenario de Cambio Climático y la realización del Taller de Capacitación para la Comunicación de Crisis por Incendios Forestales.

Esta fructífera colaboración binacional se proyecta continuarla en el próximo periodo, conforme a los lineamientos presentados el pasado mes de marzo en la reunión sostenida en Sacramento, California, por Patricio Sanhueza, de GEPRIF, y por los representantes de Cal Fire, Cal OES y Matías Alcalde, del Consejo Chile California.

En esta novena reunión anual del Chile-California Council (CCC), asistieron 28 consejeros, altas autoridades y representantes de diferentes agencias gubernamentales y ministerios de Chile y California. Por parte del Gobierno chileno, el encuentro contó con las intervenciones del ministro y subsecretario del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Andrés Couve y Carolina Torrealba, respectivamente; de la ministra de Medio Ambiente, Carolina Schmidt; del subsecretario (s) del Ministerio de Relaciones Exteriores, embajador Raúl Fernández; de la jefa de Relaciones Internacionales del Ministerio de Energía, Javiera Aldunate; de la directora ejecutiva de Start-Up Chile, Ángeles Romo; y del director de Energía, Ciencia, Tecnología e Innovación (DECYTI) del Ministerio de Relaciones Exteriores, Jorge Iglesias.

En nombre del Gobierno de California, hablaron la vicegobernadora, Eleni Kounalakis; el comisionado de Energía, Andrew McAllister; el secretario de Recursos Naturales, Wade Crowfoot; y la directora adjunta del Consejo de Protección Oceánica, Jenn Eckerle.

Por último, destacó la participación del embajador de Chile en Estados Unidos, Alfonso Silva, y del encargado de Asuntos de la Embajada de Estados Unidos en Chile, Lawrence Petroni, quienes expresaron su apoyo a la organización.

Como parte de una visión de futuro, el embajador Raúl Fernández, subsecretario (s) del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, indicó que el memorando de entendimiento firmado entre el Gobierno de Chile y California seguirá siendo un impulso a su asociación en el campo de la tecnología, energía limpia, océano y conservación y desastres naturales, siendo una plataforma clave para la transferencia de conocimiento científico tecnológico que conecta a las personas entre ambos territorios, subrayando el trabajo desarrollado en materia de prevención de incendios forestales, conservación ambiental y adaptación al cambio climático.

Esta fructífera colaboración binacional se proyecta continuarla en el próximo periodo, conforme a los lineamientos presentados el pasado mes de marzo en la reunión sostenida en Sacramento, California.

Fuente: conaf.cl

¿Y después qué? Agricultura del futuro: el cultivo sostenible

¡Revive el video! “Agricultura del Futuro: El Cultivo Sostenible”, el quinto conversatorio del ciclo de Webinars 2020 entre Chile y California

Con importantes reflexiones e ideas sobre cómo afrontar los desafíos del futuro de la agricultura y con ello una seguridad alimentaria, finalizó el quinto conversatorio del ciclo de webinars “¿Y después qué? construyendo un planeta resiliente” organizado por Chile California Council y Ladera Sur. En esta instancia, destacados expositores, ahondaron desde sus perspectivas en el futuro de la producción de alimentos desde una mirada sostenible y ecológica; conversaron sobre la importancia de la regeneración de los suelos y la necesidad de valorizar más el trabajo campesino y la pequeña agricultura, así como la menor dependencia de otros países para la obtención de alimentos básicos, especialmente en un contexto de cambio climático y latente ausencia de resiliencia alimentaria. ¿Cómo podemos construir una agricultura resiliente y sostenible a pequeña y gran escala? Te invitamos a ver el video y resumen escrito de esta actividad ¡No te lo pierdas! 

El miércoles 2 de septiembre se realizó el quinto conversatorio del ciclo de webinars “¿Y después qué? Construyendo un planeta resiliente”, organizado por Chile California Council y Ladera Sur. En esta oportunidad, el tema fue “Agricultura del Futuro: El Cultivo Sostenible” en que distintos expertos discutieron sobre los impactos de la agricultura y las soluciones para tener una producción de alimentos en el futuro, de una manera sostenible y ecológica.

Generar una agricultura ecológica es uno de los principales desafíos para los próximos años en nuestro país y el mundo. En este conversatorio, los expertos Mary Anne Muller,  de Escuela Agroecológica de Pirque y Fundadora y Directora Ejecutiva de la Fundación Orígen; Miguel A. Altieri, Profesor Emérito Universidad de California, Berkeley, Co-Director del Centro Latinoamericano de Investigaciones Agroecológicas; y Cristian Sjögren, Co-Fundador y CEO de Agrourbana y Consejero y Vicepresidente del Directorio del Chile California Council, reflexionaron desde sobre asuntos tan relevantes como el cuidado del suelo, agricultura urbana, educación, agricultura local y regulación necesaria para seguridad alimentaria de la población, en el contexto de las distintas crisis que manifiestan la urgencia de avanzar en estos temas.

La agricultura del mañana en comunidad 

El llamado a repensar la agricultura y convertirla en una práctica sustentable fue el mensaje en común de todos los invitados. Tanto Chile como California son territorios amenazados por la desertificación y degradación del suelo, por lo que se han tenido que innovar y desarrollar tecnologías para poder enfrentar los desafíos y mantener sus estándares de producción. El problema ahora es cómo hacer que esto sea sostenible en el tiempo sin generar daños irreversibles al medio ambiente.

Mary Anne Müller, quien trabaja con agricultura ecológica, propone un paradigma que proteja la biodiversidad y potencie a las comunidades locales. “Todos nosotros podemos producir alimentos”, señala Müller, destacando los múltiples beneficios que ofrecen estas prácticas más sostenibles que promueven salud física y mental y fomentan lo que ella llama la restauración social. En otras palabras, un proceso en que las personas se encuentren y trabajen de forma colaborativa a través de huertos y plantación de frutales. Müller propone estas soluciones a la dependencia de otros países para la obtención de alimentos básicos como las legumbres que genera más contaminación y no garantiza la seguridad alimentaria. “Depender de otros países para alimentar a nuestra población nos vuelve absolutamente vulnerables”, agrega la directora de la Fundación Origen.

“La agricultura familiar y urbana tiene que ser una prioridad país en cuanto a programas e inversión”, agrega Müller. Miguel Altieri comparte esta visión, señalando que los sistemas globales alimentarios no están funcionando y que deberemos transitar a sistemas de producción local. En ese marco, la agricultura campesina toma un papel primordial que debiese ser apoyado por instituciones gubernamentales para potenciar la interacciones entre pequeños agricultores y consumidores. “Si nosotros apoyamos a los pequeños agricultores, apoyamos proyectos de vida a través de la creación de territorios agroecológicos que crean resiliencia alimentaria y sustentabilidad local”, señala Altieri.       

Por su parte, Cristián Sjögren destaca también la potencialidad de las tecnologías en la pequeña agricultura para llevarla a las urbes y acercarla a la gente, con el fin de fortalecer las interacciones entre productores y consumidores y una economía justa. “No solamente es generar fuentes de trabajo, sino todo un sentido de comunidad que te genera la conexión con este alimento que sabes de dónde viene, que sabes cómo se manejan las plagas. Genera confianza y hace que los consumidores vean dónde está el valor y no solo en el precio”, señala Sjörgren. 

Llevar las tecnologías agroecológicas a todas las personas

Otros de los desafíos que se desprende de la transición desde la agricultura industrial hacia la agricultura sostenible, es cómo hacer accesible las innovaciones y tecnologías agroecológicas, como el cultivo vertical desarrollado por Cristian Sjögren, que permite cultivar con menor impacto ambiental sin mermar la productividad. Cristián destaca la importancia de la asociatividad entre pequeños agricultores para poder financiar ciertas innovaciones en conjunto, “la agricultura es de todos los rubros el que tiene menor grado de digitalización, hay una tremenda oportunidad para mejorar las cosas ocupando tecnologías. Hacer que tengamos un cultivo más sustentable, haciendo un uso más eficiente de los recursos”, dice Sjögren, quien recalca la urgencia de esto pues la agricultura hoy en día ocupa alrededor del 70% del consumo de agua dulce. Para él los cultivos verticales pueden ser una respuesta ya que se utilizan menos recursos para producir hortalizas, por ejemplo. 

Existen muchos problemas asociados al abuso de pesticidas y mal uso del agua, tanto de salud y seguridad alimentaria de las comunidades aledañas, como por la degradación del suelo. Para ello, las prácticas agroecológicas ofrecen muchas experiencias y soluciones, sobre todo, para la pequeña agricultura. Tecnologías de bajo costo que requieren de insumos locales, en un contexto de pandemia y altas cifras de desempleo. A esto se refiere Altieri, quien propone la agricultura a pequeña escala como una herramienta para revitalizar la economía y revertir gran parte del daño que genera la agricultura industria, sobre todo en los sectores de la población más empobrecidos: “La agricultura que se basa en los recursos locales que tengan acceso desgraciadamente a la tecnología de punta no son accesibles para los pobres, y lo que necesitamos es que haya una agricultura para todos” y agrega un ejemplo que ofrece soluciones más simples para estas problemáticas: “por cada porcentaje de materia orgánica que agregamos al suelo, podemos aumentar en 12 litros la capacidad de almacenamiento de agua en el suelo”. 

Müller, en la misma línea, recalca la importancia de generar redes entre pequeños agricultores y potenciar la generosidad. “Aquí hay un trabajo maravilloso, que no necesita necesariamente tecnologías: cuidar semillas, intercambiarlas, restaurarlas y compartir conocimientos”, agrega la agricultura y educadora. “Tiene que ser una toma de conciencia de parte de quienes toman decisiones. Tiene que ser una prioridad país”, señala. 

Agricultura local como respuesta a problemas ambientales 

La agricultura urbana ha ido en incremento los últimos años. Muchos jóvenes actualmente,  que también son una fuerza laboral muy grande, están incursionando en la creación de huertos urbanos para autosustentarse, en esta línea, Altieri  ve esta como una solución al gran desafío que es alimentar al 87,2% de la población mundial que vive en las ciudades. “En una ciudad de 10 millones de habitantes, se tendrían que 6 mil toneladas diarias de 

comida que tiene que viajar 1000 kilómetros para llegar a una mesa, eso es totalmente insostenible. La vulnerabilidad que tiene nuestro sistema globalizado, se ha puesto en manifiesto con la crisis del Covid-19”, señala el docente.

“Estas nuevas generaciones que les ha tocado hacerse cargo del desastre que vive el planeta, están viviendo en carne propia los coletazos de cambio climático, todo lo que hablamos que querer un mundo mejor y tener conciencia, serán los consumidores quienes empiecen a dictar qué es lo que quieren en los productos que comen”, destaca Sjögren. “Toda esta agricultura, ya sea urbana, ya sea rural, o a gran escala, tiene que hacerse cargo de los desafíos medioambientales”, agrega el fundador de Agrourbana. 

Uno de estos problemas que aún no tiene solución es el desperdicio de alimentos. Se estima que casi un tercio de la comida que se produce al año termina en la basura. En este sentido, tanto para Sjörgren como para Altieri, son los sistemas de producción locales los más efectivos para reducir las brechas en la distribución de alimentos y así generar menos desperdicios. Según el profesor de la Universidad de California, “cuando se crean los sistemas alimentarios locales, se baja el desperdicio”.

Ver video completo aquí.

¿Y después qué? Alimentación del futuro: nuevas definiciones del origen, manejo y democratización de los alimentos

¡Revive el video! del tercer conversatorio del ciclo de Webinars 2020 entre Chile y California

Antes de la crisis del Covid-19, 600.000 chilenos se encontraban privados de alimentos nutritivos y con inseguridad alimentaria, una cifra que podría totalizar hasta un millón de personas cuando acabe la pandemia. Eso, mientras un tercio de los alimentos producidos en Chile se desperdician.  Sin duda, la nación enfrenta serios desafíos respecto a cómo asegurar el acceso a la alimentación para toda su población, y que además ésta sea sustentable, de calidad y consciente. Pero, ¿cómo se puede garantizar la seguridad alimentaria para todos? ¿Es posible que la producción local de alimentos sea sustentable, pero también rentable? ¿Qué rol cumple la transparencia y la información en este tema? ¿Es la industria ganadera un peligro para nuestra salud? Estas fueron algunas de las preguntas que se abordaron en el conversatorio “Alimentación del futuro: nuevas definiciones del origen, manejo y democratización de los alimentos”, en un nuevo capítulo del proyecto “¿Y Después Qué? Construyendo un Planeta Resiliente” organizado por Chile California Council y Ladera Sur. Se ahondó además en la experiencia de nuestro mellizo trans-hemisférico California, que ha mostrado importantes avances desde la ciencia, política pública y cultura. ¿Te lo perdiste? ¡No te preocupes! Aquí te dejamos una nota y video que resume las principales reflexiones y propuestas de los invitados. 

El pasado miércoles 1 de julio a las 11:00 horas tuvo lugar en el canal de YouTube de Ladera Sur el conversatorio “Alimentación del futuro: nuevas definiciones del origen, manejo y democratización de los alimentos”, la tercera actividad del ciclo de webinar “¿Y después qué? Construyendo un planeta resiliente”, organizado por Chile California Council y Ladera Sur.

En esta nueva instancia, moderada por la periodista Bárbara Tupper, se contó con la presencia de tres destacados expositores que se han dedicado al estudio de los procesos agropecuarios, alimentarios, y provenientes de la gestión pública.

¿Quiénes son? Fernando Mardones, médico veterinario y doctor en Epidemiología en la Universidad de California, Davis. Además, es editor asociado de la revista Frontiers in Veterinary Sciences y cuenta con más de 30 publicaciones científicas en el área de enfermedades infecciosas de animales. 

También participó Pablo Zamora, quien es cofundador de la empresa The Not Company, además de haber sido fundador y Director Asociado del Centro de Innovación de Ciencias de la Vida de la Universidad de California Davis en Chile. Tanto Pablo como Fernando son consejeros del Chile California Council.

Además, nos acompañó María Emilia Undurraga, ingeniera agrónoma y Máster en Sociología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, quien además es la actual directora nacional de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA) del Ministerio de Agricultura.

Aquí te compartimos algunos de los principales temas que abarcaron los expositores, quienes consideraron los desafíos de la alimentación del futuro en Chile, como los problemas que se presentan a la hora de hablar de la seguridad alimentaria para toda la población, la necesidad de transparentar las formas en que se realizan los procesos productivos, así como un análisis de la experiencia que ha tenido California, “mellizo trans-hemisférico” de Chile, que ya ha implementado medidas para revalorizar el rol de los agricultores en la sociedad.

La importancia de la seguridad alimentaria

Según el catálogo de Objetivos de Desarrollo sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), al día de hoy, 820 millones de personas se acuestan a dormir teniendo hambre, y de esta cifra, cerca de 135 millones sufren de hambre aguda. Algo que desde la organización explican como una consecuencia de los conflictos humanos, las recesiones económicas y también del cambio climático. Para solucionar este grave problema, mencionan que es necesario un aumento de la producción agrícola sostenible, así como garantizar la seguridad alimentaria de la población. 

¿Pero qué significa la seguridad alimentaria? Esa fue la pregunta que respondió el primer expositor, Fernando Mardones: “seguridad alimentaria significa asegurar que la población acceda tanto a la cantidad, pero también a la calidad de los alimentos” 

Un problema del cual Chile no ha estado ajeno. Según Eve Crowley, representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Chile, los problemas económicos que ha producido el Covid-19 podrían generar problemas de inseguridad alimentaria severa a 400.000 chilenos, cifra que se sumaría a los 600.000 que ya sufrían de esta condición. 

“En Chile un tercio de los alimentos producidos se pierden o se desperdician”, advirtió Maria Emilia Undurraga. De hecho, según datos recopilados en el segundo Boletín de Pérdidas y Desperdicios de la FAO, a nivel nacional se desperdician concretamente 63.3 kilogramos de pan por familia, un equivalente al 16.7% del consumo promedio de la población nacional. 

Aunque las mayores cifras de desperdicio no se encuentran en el consumo doméstico. Según cifras provistas por el Instituto  de Investigaciones Agropecuarias (INIA), un 72% de este desperdicio ocurre en etapas previas de la cadena de valor, que incluyen el proceso agrícola, manejo, almacenamiento, distribución y procesamiento.  

Undurraga considera que un aspecto central para hablar de seguridad alimentaria es que no exista este desperdicio, e hizo énfasis en que una de las claves para que para esto ocurra, es que en Chile se haga seguimiento a la cadena completa de producción, desde que se elabora un alimento hasta que llega al consumidor, buscando siempre que esta no sea interrumpida, para asegurar que los productos puedan llegar a las familias de una manera real. 

“Esto es un gran proceso, una gran cadena. Lo que se produce en el campo luego debe ser procesado y entregado, por eso necesitamos logística, y también incluir a las ferias y mercados. Hay mucha gente que vive de llevar estos alimentos a un precio razonable y justo, para cada uno de los consumidores”, precisó. 

Eso sí, según Undurraga la reducción de desperdicios alimentarios, si bien es una medida efectiva, no puede asegurar por sí misma que exista una seguridad alimentaria, ya que existen otros problemas como el que la industria local pueda no ser capaz de proveer todos los alimentos que requiere la dieta de los chilenos. Sin retroceder tanto tiempo en el pasado, en junio Chile importó más de 240 toneladas de legumbres, ante una excepcional demanda producto de la entrega de ayuda alimentaria a familias golpeadas por el Covid-19. 

Según indicó la directora nacional de ODEPA, mantener una alimentación saludable nos hace depender de la producción que se da en otros países, y menciona el caso del arroz, un bien que está presente en la canasta básica y del cual Chile importa cerca del 65%. Undurraga agrega que la industria local no podría producir arroz a un bajo costo, ya que es un cultivo que requeriría mucha agua y condiciones ambientales especiales, que no están presentes en el territorio nacional. 

Sobre este punto Pablo Zamora advirtió que, si bien la tendencia de consumo hace que se requiera abrir las fronteras para la incorporación de ciertos alimentos, es necesario hacerlo de manera consciente, ya que a veces, al abrir excesivamente el mercado agrícola, se podría ir en desmedro de las condiciones locales, ya sea a los ecosistemas o precios, que pueden ser muy inferiores en la producción extranjera si se pagan salarios muy bajos o se usan sistemas altamente intensivos. 

“Ahí está la balanza, entre cómo vamos incorporando sistemas propios de menor huella de carbono pero también que vayan equilibrando el costo de producir. Sin duda hay que fomentar la industria local, pero el desafío es cómo lo vamos haciendo,  para que nosotros también podamos proveer a otros, como es el caso de las manzanas que producimos para países que no pueden producirlas”, explicó Undurraga. 

Sin embargo, la directora de ODEPA afirma que, para que este proceso sea efectivo, es necesario que las buenas prácticas permeen en todos los segmentos, que no sea un procedimiento de la élite: “Esto lo conecto con la democratización, para que todos vayamos produciendo alimentos de forma sustentable y siendo consciente con aquello que podemos producir para desperdiciar menos”, agregó. 

El auge de la ganadería intensiva y la importancia de la inocuidad de los alimentos como pilar de la seguridad alimentaria

El consumo de carne es una tendencia que va alza, de hecho, según estima la FAO para esta década la producción mundial ganadera crecerá en un 20% respecto a la anterior. Y se proyecta que serán los países en vías de desarrollo los que comiencen a consumir más cantidad de proteína animal.   

Según Mardones, existiría la “idea” por parte de algunos países que es necesario aumentar la cantidad de proteína animal per cápita, tomando como referencia el caso de otras naciones más desarrolladas. Esa concepción, a la cual denomina “vicio”, provoca que aumente la intensividad de la ganadería, es decir, un enfoque productivo destinado a maximizar la producción mientras se minimizan los costos. Esto podría traer serios problemas sanitarios, sobre todo, ligados a la inocuidad de los alimentos. 

¿Pero qué es la inocuidad alimentaria y por qué es importante? Según indica el Instituto de Salud Pública de Chile (ISP), la inocuidad de un alimento es la garantía de que este no causará daño al consumidor, cuando sea preparado o ingerido, de acuerdo con el uso que se destine. Una condición que desgraciadamente no acompaña a los alimentos que consume gran parte de la población mundial: según datos de la FAO, casi 600 millones de personas en el planeta se enferman por haber consumido alimentos que han sido contaminados por microorganismos, parásitos o sustancias químicas, y otras 420.000 mueren por esta causa. 

Según Mardones, la inocuidad de la carne se ve afectada cuando proviene de una ganadería con altos grados de intensividad, pero no necesariamente hablamos de una granja con miles de animales confinados, sino que también representa un peligro la simple cercanía entre un animal y otro, o bien, animales y vegetales, sobre todo para la afloración de nuevas enfermedades.

“Hay ejemplos bien actuales: 3 de cada 4 enfermedades vienen de los animales. Recientemente se reportó de una nueva cepa de influenza a partir de planteles de cerdos en China. Entonces, nuevamente estamos generando lugares que son realmente laboratorios de virus y patógenos, que pueden replicarse y generar bombas para la humanidad”, indicó Mardones, y agregó que el estrés que les genera a los animales la ganadería intensiva los predispone a enfermarse.

Pero, ¿cómo se relaciona esto con la salud humana? El experto agregó que, debido a la mayor presencia de enfermedades que produce la ganadería intensiva, los productores se ven en la necesidad de usar en ellos antibióticos y químicos, que podrían generar resistencia antimicrobiana, es decir, que las bacterias se hacen resistentes a los antibióticos, generando un problema mayor a la hora de combatirlas.

Otro problema sanitario ligado a la crianza de animales sería el comercio ilegal de especies en el mercado informal: “en otros países, como es el caso de algunos en África y Asia, se da una captura de vida silvestre sumamente importante, la cual se vende en mercados y ferias. El hombre, al acceder a capturar estos alimentos se expone a patógenos que existen en la naturaleza, pero que no sabemos cuáles son. Uno se esperaría que allí también se generen nuevos patógenos”, agregó.

Los desafíos para las industrias productoras y las nuevas tecnologías

Las industrias alimentarias, como las  silvoagropecuarias y pesqueras, tienen una relevancia económica fundamental para Chile. De hecho, tan sólo durante el primer semestre de 2019 totalizaron 4.133 millones de dólares en exportaciones, según un informe de análisis elaborado por ProChile en colaboración con el Banco Central.

Sin embargo, detrás de estas cifras se podría esconder una realidad poco mencionada: que la industria alimentaria tendría serias deficiencias, que en la mirada de Zamora, la hacen ser “recalcitrante”, y poco abierta a los cambios. Ese sería el caso de los grandes productores agrícolas, quienes muchas veces serían tanto dueños de la tierra cultivable a la vez que de la genética de los mismos cultivos.

“Algunas industrias como la de producción cárnica tienen al menos 50 años y están muy consolidadas, generando mucha rentabilidad. Un tercio de la tierra de cultivo se utiliza para la producción de proteína animal y  hay 10 veces más animales confinados que silvestres. Ese tipo de industrias no van a ser las que cambien a un sistema alternativo, lo que se necesita es que hayan nuevas compañías, y nuevos incentivos de gobierno”.

En Chile, los ingresos de la ganadería en el año 2018 superaron los 1.000 millones de dólares en exportaciones. Una actividad lucrativa pero que ese mismo año consumió cerca de 1.118.000 litros de agua por consumidor. Según Zamora, esta industria han seguido funcionando en parte debido a la creencia de que la proteína animal sería fundamental, debido a su alto valor nutricional: “y esa hipótesis, que no hay ninguna fuente alimenticia que sea de la misma calidad, se rompió, porque la evidencia empírica demuestra que si tú combinas plantas, hongos e insectos, puedes lograr balancear nutricionalmente esas combinatorias y generar una proteína que tenga los aminoácidos esenciales correctos que te permitan regenerar tejido muscular”.

Nuevas innovaciones en el área cárnica que ya estarían siendo investigadas a nivel internacional, y que también estarían presentes en el mundo agrícola. Un ejemplo de esto sería la agricultura vertical, que tendría por objetivo habilitar espacios urbanos, como por ejemplo edificios, para fines de cultivo. Una iniciativa que Zamora afirma ya se está llevando a cabo en Chile.  

Sin embargo, el experto reconoció que, si bien estas tecnologías pueden presentar soluciones a los problemas de la industria agroalimentaria, no son accesibles para todas las personas, y eso sería un gran problema. Tal es el caso de los pequeños agricultores o de subsistencia, quienes no podrían volcarse a las nuevas tendencias de producción por tener que subsanar prioridades más básicas, o bien, los consumidores con un poder adquisitivo más bajo, quienes no pueden optar por estos alimentos. Por lo mismo, Zamora recalcó que aún en países de la región es necesaria una amplia intensidad de producción local.

“Esta pandemia y el estallido social han mostrado que existe una población muy importante, que es mayoritaria, que lamentablemente no tiene opciones. Entonces por un lado, las tecnologías te van a mostrar que hay otras alternativas de alimentación, pero por otro lado tienes una población que necesita subsistir, y eso está asociado con la producción de alimentos. Cuando miramos la alimentación del futuro tenemos que considerar las nuevas tendencias, pero sin olvidar a esta gran masa de la población que requiere subsanar necesidades básicas”.

La importancia de una alimentación consciente e informada

El primer expositor en referirse a este tema fue Fernando Mardones, quien planteó que actualmente existe mucho desconocimiento respecto al origen de los productos que se están consumiendo, sobre todo en aquellos que “pueden acceder de una manera fácil, refiriéndose particularmente a los estratos sociales que disponen de mayores recursos.

“Hay un tema de seguridad alimentaria en el top de la cadena, y hoy se cuantifica en que una gran parte de las emisiones de carbono o el impacto medioambiental proviene del consumo de esa parte de la población. Esa parte es muy importante verlo. Cómo impacta eso en la salud del planeta”, aseguró Mardones, quien también expuso que la discusión incluía el permitir que la naturaleza se logre regenerar. “Si bien hay que producir y generar alimentación, tenemos que ser capaces también de devolver a la tierra las cosas que estamos ocupando. Debemos reparar y dejar que la naturaleza en ciertas partes se regenere por sí sola”, agregó. 

En este sentido, Mardones valoró el hecho que en el país se hayan generado nuevas áreas protegidas, como parques marinos y terrestres, aunque recalcó que no es sólo una labor del Estado: “ya que la gente también lo puede hacer, para tener un impacto en la naturaleza y recuperar los espacios”. 

Según Zamora,  la alimentación consciente corresponde a un proceso de alimentación que contempla no sólo el producto, sino que también su relación con el medioambiente, con su método de elaboración, con el bienestar de los agricultores y también el aporte nutricional que tiene. 

“Hoy tenemos más conciencia respecto a cuáles son los balances nutricionales que requieren las distintas culturas, cuáles son las dietas que están asociadas, y cómo yo logro combinar alimentos de una manera racional con evidencia científica, para poder entregar las calorías que corresponden y alimentarme de una manera diversificada. Si nosotros hacemos uso de esa información para tomar decisiones vamos a tener conciencia sobre lo que comemos, vamos a saber el impacto de la alimentación que les estamos entregando a nuestros hijos y vamos a ser más conscientes con el entorno”, agregó Zamora, quien también aprovechó de compartir una descripción muy particular respecto del ser humano: como un “holobionte”. Esto, referido a que representaría un ecosistema en sí mismo: cuando nos alimentamos no sólo estamos nutriéndonos a nosotros como especie Homo sapiens, sino que también lo estamos haciendo a nuestro propio microbioma que vive dentro de nosotros” 

La relevancia de la transparencia en la producción

En 2019, la asociación de productores Chilehuevos indicó que el consumo de este alimento en Chile alcanzó las 235 unidades per cápita, ubicándonos en el quinto lugar a nivel latinoamericano. Por otra parte, la industria del huevo en Chile mantendría a más 17 millones de gallinas encerradas dentro de pequeñas jaulas, según un reciente estudio publicado por la ONG International Sinergia Animal. “Los animales casi no pueden moverse y son mantenidos en granjas aisladas, lejos de los ojos de la sociedad”, aseguraron desde la ONG. Una práctica que nos lleva a cuestionar cuánta información real sobre la producción de un alimento disponemos al momento de comprarlo.

Pero ¿cómo lograr que la transparencia en la producción sea uno de los pilares fundamentales a la hora de decidir sobre los alimentos que consumimos? Para María Emilia Undurraga, esto parte de una responsabilidad y  rol público, para que los consumidores puedan contar con la información necesaria respecto de cómo se produce un producto,  y aseguró que ya se están haciendo esfuerzos a nivel estatal, ya que se estaría trabajando desde CORFO en un proyecto para definir estándares de sustentabilidad de las diferentes industrias chilenas, los cuales variarían según el rubro.

Esta nueva información implicaría a su vez con un consumo consciente, algo que como mencionó Zamora, ya está pasando en la industria del cacao, donde los consumidores habrían disminuido el consumo de cacao de Costa de Marfil “donde hay precarización, esclavos y muerte” para optar por un alimento sin estas externalidades negativas, como lo podría ser el cacao de Ecuador. 

Aunque desde la mirada de Undurraga, una producción sustentable es una tarea que no depende únicamente de las buenas decisiones del consumidor, sino que también de los mismos productores. Eso sí, esta es una tarea que implica el involucramiento de muchos actores. 

“Tenemos que entender que cuando hablamos de alimentación sustentable y queremos potenciar la producción local, tenemos que promover el desarrollo de los territorios. Necesitamos que haya conectividad, buena salud y educación, para mejorar la diversificación en la producción. Esto no es alimentación que cae del cielo. Hay que considerar lo que ocurre con el ingreso familiar, los pequeños agricultores no tienen más de 10 hectáreas, el 40% de ellos tiene menos de 5 hectáreas, y esa producción es el sustento para esa familia”, agregó. 

La alimentación como un eje de cooperación y cultura: una mirada hacia la experiencia de California

Como ya se ha mencionado en las dos versiones anteriores de este ciclo webinar, observar a California es mirar a Chile en algunos aspectos. Según Zamora, una de las fortalezas de California en términos de industria agroalimentaria, es que contaría con vínculos mucho más estrechos entre el sector productivo e instituciones educacionales, lazo que perfeccionaría las técnicas industriales agropecuarias. 

“En California reconocen que la industria no necesariamente genera el conocimiento que sí se genera en las universidades, y ahí se ha creado un modelo cooperativo bien interesante: por ejemplo, por cada caja de nuez que venden los productores, una pequeña fracción va a un fondo que va a permitir mantener mejores prácticas de cultivo. La agricultura allí utiliza mucho el conocimiento para optimizar procesos” 

Esto tendría potencialidad, por ejemplo en la industria vitivinícola, la cual es una actividad agrícola que tiene una gran presencia en ambos países. Mardones por otro lado, resaltó aspectos culturales de la agricultura en California, la cual tiene una relevancia en la vida cotidiana de sus ciudadanos. Menciona que en los “farmer’s markets” o mercados de agricultores, son los mismos productores locales los que acuden a vender sus productos y son parte de la sociedad de esos pueblos. 

Esto es, según Zamora, por un lado promueve una revalorización del rol del agricultor, ya que hasta en los restaurantes se identifica al productor que está detrás de la producción de las frutas y verduras; y por otro lado, concientiza al consumidor. 

El proceso relevaría el rol que tienen estos agricultores, que algunas veces serían de granjas más bien extensivas, aunque otras veces, serían pequeños productores. Incluso, en California habrían programas de cultivo agrícola entre los mismos estudiantes en las universidades y colegios, productos que Zamora asegura que pueden ser consumidos en los restaurantes locales: “uno puede ir al menú y saber que la pizza tiene albahaca de tal colegio o el tomate producido de tal universidad”

Otro aspecto destacado por Mardones, y que Chile podría aprender de la experiencia de California, respecto del ordenamiento territorial: “allí tienen muy claro dónde está el sector del ajo, dónde está el sector de la cebolla, la lechería, los granos; y respecto de ese ordenamiento nos falta mucho, para determinar dónde están los lugares propicios para cultivar, considerando las ciudades, la geografía y el tema medioambiental”, concluyó. 

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